Bueno, bueno, bueno. No sabemos si las perlas que ha soltado el excelentísimo, son por haber sufrido alcohol de mala calidad, o, por el contrario, si ha terminado de ingerirlo.
Este chico lleva meses en el cargo y hay que ver las que ha liado. No entendemos como a todo un ministro de educación y ciencia, le parezca bien la idea de que los investigadores españoles se vayan a otros países. Precisamente cuando debería ser lo contrario. Fomentar I+D supone generar nuevas soluciones. Y los beneficios que todo ello supone. Que le pregunten a japoneses, coreanos y estadounidenses. Llevamos sus inventos, los pronunciamos en otro idioma y quién los intente traducir, se ve expuesto al mayor de los ridículos. Podemos aportarle al mundo algo más que siesta, paella y sangría. Pero este gobierno no quiere. Prefiere que seamos un país al servicio de los jubilados alemanes.
La excusa es la falta de dinero, claro. Se traspasa a los bancos comandados por ellos. Los mismos que nos han llevado a la ruina. ¡Qué Wertgüenza! Deuda privada convertida en deuda pública. Estafa habemus, colegas. Y al que se de cuenta y proteste, antidisturbios que te crió.
Pensamiento único. Eso es lo que quieren. Por ello, no es de extrañar que el contertulio estrella aplauda a los que se van, desesperados.
Para terminar de cargarse la educación, despide a profesores de la pública, sube las tasas universitarias y sugiere que los padres se descarguen los libros de texto de internet. Por supuesto, su mujer le defiende a capa y espada desde la televisión pública. Ahí es nada.
Gabi, Fofito, Miliki y Milikito lo hubieran hecho muuucho mejor. Total, con gente como él es a lo único que podemos aspirar.
P.d..: Una recomendación. Váyase al club de la comedia, ande. Que la Educación no está para bromas. O vigile lo que le echan en la bebida, que también.
domingo, 30 de septiembre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
Las aventuras de Mr. Pamplinas y el abuelo de Froilán I (el rey de su casa) : Españoles por el mundo (alive)
La Redacción de este blog se pone en pie y aplaude (plas, plas) a los autores de este vídeo. No sabíamos que en la lejana China fueran capaces de asimilar el espíritu de Ibáñez y convertir a Mr. Pamplinas y al patrón del Bribón en Mortadelo y Filemón.
¡¡Hip, hip, hurra!!
Suspiramos porque esta aventura deje de ser un corto y podamos todos disfrutarla en pantalla grande. Hacía tiempo que no nos reíamos tanto. (Es lo que nos queda entre porrazo y porrazo antidisturbial, amigos)
Nota final: Un enorme gracias a quién lo haya colgado en youtube. Impagable.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Mr. Pamplinas y sus amigos los humanos
Éste que véis aquí no es el actual Presidente. Bueno, sí, pero de mentirijillas. Según nuestras fuentes, al verdadero le dió un patatús el día que ganó las elecciones generales. Se encontraba tan agusto despotricando desde la oposición que la emoción le pudo. ¡Qué movida!, dicen que dijo. Y le vino el soponcio.
¿Y ahora qué hacemos?, se preguntaron sus allegados. Y pensando, pensando, dieron con la solución. Y aquí la tenéis. Un replicante a imagen y semejanza del D. Mariano carnal. A ver si da el pego.
Lo malo de la operación (esto es España, no lo olviden) fue mezclar churras con merinas y crear a un robot, cruce de imitación cervecera y robot colegial años 80. Lo que se tenía más a mano, vaya. Y así ha salido.
De este garrafón futurista salen las declaraciones, gestos y mamandurrias varias que parten de él. Claro, que no tiene la culpa. Según otras fuentes, es su ministro de educación, el Dr. Obvio (otro repiclante) quién le programa en ms-dos todo lo que tiene que decir. Y así le va. Contradiciendo todo lo que dice su programa electoral y sacando a sus madelmans a pasear mientras el pueblo, contrario a la ciencia ficción en la política, sale a la calle a protestar.
Y ahí le tenemos. Poniendo la sonrisa de todo a cien que le caracteriza y viendo mundo. Haciendo amigos.
¿Hay algún otro programador en la sala?
Nota final: Definición de Pamplina, según la RAE:
3. f. coloq. Dicho o cosa de poca entidad, fundamento o utilidad. U. m. en pl. ¡Con buenas pamplinas te vienes!
¿Y ahora qué hacemos?, se preguntaron sus allegados. Y pensando, pensando, dieron con la solución. Y aquí la tenéis. Un replicante a imagen y semejanza del D. Mariano carnal. A ver si da el pego.
Lo malo de la operación (esto es España, no lo olviden) fue mezclar churras con merinas y crear a un robot, cruce de imitación cervecera y robot colegial años 80. Lo que se tenía más a mano, vaya. Y así ha salido.
De este garrafón futurista salen las declaraciones, gestos y mamandurrias varias que parten de él. Claro, que no tiene la culpa. Según otras fuentes, es su ministro de educación, el Dr. Obvio (otro repiclante) quién le programa en ms-dos todo lo que tiene que decir. Y así le va. Contradiciendo todo lo que dice su programa electoral y sacando a sus madelmans a pasear mientras el pueblo, contrario a la ciencia ficción en la política, sale a la calle a protestar.¿Hay algún otro programador en la sala?
Nota final: Definición de Pamplina, según la RAE:
3. f. coloq. Dicho o cosa de poca entidad, fundamento o utilidad. U. m. en pl. ¡Con buenas pamplinas te vienes!
4. f. coloq. Manifestación poco sincera que pretende halagar a alguien o congraciarse con él. U. m. en pl. No intentes engañarme con tus pamplinas.
Pues eso.
martes, 25 de septiembre de 2012
Nota apocalíptica de media tarde: No entrar ni ocupar el Congreso
Es el consejo que desde aquí, humildemente, les damos.
Desde esta Redacción. No entrar. No pisar sus pasillos. No quedarse con
la boca abierta cuando comprueben que es más pequeñito al natural que
lo que nos muestra la caja tonta. No. No.
Corren peligro de transformarse. De convertirse en esos seres encorbatados (ellos) y de vestido de domingo (ellas). No entren porque según se sienten en los escaños, una poderosa fuerza perversa les inducirá al sueño. Tendrán en sus manos los mejores adelantos tecnológicos (regalito de bienvenida) y provocarán la ira de sus vecinos y amigos. Envidia cochina, claro. Comenzarán a soltar frases, cantidad de ellas, sin apenas tener conocimiento de lo que están diciendo y cuando en la cotidaneidad les pregunte el carnicero ¿cuánto le pongo?, pasará de ustedes. ¿Por qué? porque sólo sabrá responderle con tantos por ciento y rubricar con un "y tú, más", como en cualquier patio de colegio. Se pasará discutiendo con su pareja la mitad del tiempo, se lo aseguramos. Se pondrá de pie, gesticulará y le señalará con el dedo por el simple hecho de querer cambiar de canal en la televisión. Buscará micrófonos donde no los hay y cámaras que le enfoquen. Querrá que le adulen, buscará el aplauso de sus allegados continuamente y eso, fuera del hemiciclo, es bastante cansino.
Cuando se den cuenta que su coche, ése que todavía están pagando a plazos, no tiene, ni los cristales blindados, ni la potencia, ni el chófer de turno, les entrará una depresión de caballo. En serio. No entren ni ocupen el Congreso porque les pasará esto.
Cuando al mes, comprueben como en su nómina no es ingresada una cantidad con tres ceros, peor aún. ¡¡Qué bajón, por Dios!! Adiós al chalecito y a las vacaciones de lujo. No hay planes que valgan.
Por todo ello, les recomendamos no entrar ni ocupar el Congreso. Quédense fuera, como hasta ahora, como el resto de los mortales. Sigan con sus vidas tranquilamente, pero no entren. Corren peligro de desentenderse de la realidad y luego tendrán que ir al médico. Urgentemente.
Avisados quedan.
Corren peligro de transformarse. De convertirse en esos seres encorbatados (ellos) y de vestido de domingo (ellas). No entren porque según se sienten en los escaños, una poderosa fuerza perversa les inducirá al sueño. Tendrán en sus manos los mejores adelantos tecnológicos (regalito de bienvenida) y provocarán la ira de sus vecinos y amigos. Envidia cochina, claro. Comenzarán a soltar frases, cantidad de ellas, sin apenas tener conocimiento de lo que están diciendo y cuando en la cotidaneidad les pregunte el carnicero ¿cuánto le pongo?, pasará de ustedes. ¿Por qué? porque sólo sabrá responderle con tantos por ciento y rubricar con un "y tú, más", como en cualquier patio de colegio. Se pasará discutiendo con su pareja la mitad del tiempo, se lo aseguramos. Se pondrá de pie, gesticulará y le señalará con el dedo por el simple hecho de querer cambiar de canal en la televisión. Buscará micrófonos donde no los hay y cámaras que le enfoquen. Querrá que le adulen, buscará el aplauso de sus allegados continuamente y eso, fuera del hemiciclo, es bastante cansino.
Cuando se den cuenta que su coche, ése que todavía están pagando a plazos, no tiene, ni los cristales blindados, ni la potencia, ni el chófer de turno, les entrará una depresión de caballo. En serio. No entren ni ocupen el Congreso porque les pasará esto.
Cuando al mes, comprueben como en su nómina no es ingresada una cantidad con tres ceros, peor aún. ¡¡Qué bajón, por Dios!! Adiós al chalecito y a las vacaciones de lujo. No hay planes que valgan.
Por todo ello, les recomendamos no entrar ni ocupar el Congreso. Quédense fuera, como hasta ahora, como el resto de los mortales. Sigan con sus vidas tranquilamente, pero no entren. Corren peligro de desentenderse de la realidad y luego tendrán que ir al médico. Urgentemente.
Avisados quedan.
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